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The Home of Kristina Line

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El hogar de Kristina Line

Hemos visitado a la arquitecta Kristina Line, que vive en una pequeña casa-barco junto a su pareja Anton y su perro, Skipper.
October 2021

Kristina creció en una pequeña isla frente a Oslo. Ya de niña, le fascinaba la manera en que las personas construyen hogares dentro de la naturaleza. Así, tras construir una tiny house en los extensos bosques del norte del estado de Nueva York, Kristina y su pareja, el arquitecto Anton, decidieron regresar a Copenhague, ciudad donde se conocieron. Allí trabajaron juntos diseñando y construyendo un hogar singular y personal junto al frente marítimo del puerto de Copenhague.

En una pequeña zona casi escondida de Copenhague se encuentra una hilera de casas-barco dispuestas una junto a la otra, junto al frente marítimo del puerto. El barrio alberga personalidades muy distintas, y solo a través de señales artesanales se adivina quién vive en cada una. En una de ellas figura el nombre «Kahytten» (camarote de barco, en danés): es el hogar de Kristina Line.

Cuando le preguntan por qué han llamado así a su casa, Kristina sonríe. Creció en Noruega, en una isla frente a Oslo, donde el hogar significaba estar en plena naturaleza. Explica que en Noruega existe una arraigada tradición de construir «hytter» (cabañas) porque vivir en la naturaleza o tener un rincón en ella lo es todo para muchos noruegos. Fascinada desde muy pequeña por el dibujo de casas y el pensamiento espacial, Kristina soñaba de niña con ser arquitecta de «hytter». «Para mí, el sueño máximo es vivir cerca de la naturaleza. Me mueve la pregunta de cómo lograrlo respetando el entorno. El nombre Kahytten es un tributo a las cualidades de una hytte, una pequeña construcción dentro de la naturaleza. Y kahytten, en danés, es la palabra para el camarote de un barco, así que el nombre encajaba a la perfección estando tan cerca del agua».

Kristina trabaja como arquitecta a pequeña escala: diseña villas y casas de campo para clientes privados y desarrolla proyectos de interiorismo para clientes comerciales. «Mi trabajo es muy variado. Me dedico a renovar y transformar estructuras existentes, y también a proyectos que construyo desde cero». Con un máster en Arte y Arquitectura, aprendió a confiar en su intuición e incorporar el arte, la filosofía y la poética a sus proyectos: «Siempre trato de leer el entorno y respetar la historia de cada espacio. Creo que la arquitectura siempre manda, es decir, que hay que respetar el estilo arquitectónico y dejar que el interior lo refleje».

Conseguir la casa-barco no fue en absoluto sencillo. El padre de Anton trabajaba en la zona, y Anton se había encariñado pronto con aquel barrio singular. Como las casas habían pasado de generación en generación, hizo falta mucha constancia hasta que por fin les ofrecieron la posibilidad de comprar una. «La gente que vive aquí es muy amable, y la comunidad está muy unida, pero son protectores del lugar y no quieren que se transforme en algo nuevo y ostentoso. El lugar tiene alma propia, y sus habitantes la defienden a toda costa. Pero eso es también lo que nos enamora del barrio, y por eso fuimos tan respetuosos durante todo el proceso de renovación».

Con detalles de madera, materiales naturales y formas redondeadas, la casa-barco refleja con claridad el modo en que Kristina entiende la arquitectura a pequeña escala y el diseño de interiores. El hogar es a la vez tradicional y experimental. Las líneas generales del edificio se integran en el contexto del barrio, pero Kristina experimentó con la distribución y los detalles interiores. Al tratarse de una casa de apenas 60 metros cuadrados, quisieron crear una planta abierta y funcional que evitara espacios encajonados, usando únicamente materiales naturales para respetar el alma de la casa-barco y generar una atmósfera acogedora.

Kristina cree que la inspiración llega de muchas formas y considera su hogar parte esencial de su proceso creativo. A la hora de decorar el interior de la casa-barco, decidió añadir capas de texturas distintas y mezclar piezas nuevas, elegidas con cuidado, con objetos heredados y queridos. Cuando le preguntan por su forma de entender el interiorismo, Kristina explica: «Creo que se trata de elegir unas pocas piezas que realmente te digan algo. Cuando las colocas juntas, forman una colección de tesoros que tiene significado. Creo que Marie Kondo tiene razón cuando dice que solo debemos rodearnos de cosas que nos produzcan alegría».

«Para mí, el hogar es un lugar donde puedo sentirme cómoda, protegida y desconectada del mundo exterior. Es un lugar de calma, calidez y serenidad»

Esta frase captura con exactitud la manera en que Kristina se acerca a la decoración de su hogar. La casa-barco es un espacio acogedor, con una paleta de colores neutra y contenida, donde cada pequeño objeto tiene tanto una función como una historia que contar. Kristina muestra con orgullo un pequeño cuenco de madera que perteneció a sus abuelos y fue hecho en su ciudad natal de Suecia. El salón alberga también un gran sofá de líneas limpias y expresión minimalista que, según explica, ella y Anton diseñaron y construyeron ellos mismos.

Desde el salón, que es también su rincón favorito del hogar, Kristina puede contemplar el agua mientras la luz de la tarde se filtra a través de las cortinas: «Anton y yo crecimos los dos cerca del agua y siempre quisimos volver a vivir junto a ella». Explica que toda la casa se baña en una luz mágica y cálida justo antes de que el sol se ponga sobre el horizonte de Copenhague. «Para mí, el hogar es un lugar donde puedo sentirme cómoda, protegida y desconectada del mundo exterior. Es un lugar de calma, calidez y serenidad. También es la base de mis aventuras cotidianas, un lugar donde me siento inspirada. Aquí puedo crear. Y, sobre todo, el hogar es un lugar donde invitar a amigos, familia y vecinos a compartir una buena comida, crear recuerdos y hacer planes».