Living stories
Sobre la maternidad y el hacer con Tiffany Bouelle
La artista francesa Tiffany Bouelle habla sobre creatividad, maternidad y las formas inesperadas en que una transforma a la otra.
Para Tiffany Bouelle, la creatividad no es algo que reserve en su agenda. Fermenta, espera y, cuando está lista, aflora en su arte y en la forma en que transita su vida cotidiana.
«Entiendo la vida como un espacio de juego donde los límites se mantienen abiertos», dice. «Es como algo que aguarda para salir a la superficie.»
Su práctica abarca la pintura y el trabajo comercial, dos modos que mantiene deliberadamente separados. Sus pinturas se dirigen al espectador de forma directa, ancladas en sujetos reales y tangibles. Sus proyectos comerciales ofrecen algo distinto: un cambio de atmósfera, un mundo construido para transportar. «Quizás, de este modo, busco ofrecer fragmentos de ensoñación», reflexiona. «Un respiro de los temas más serios que exploro en mi trabajo para galerías.»
Los instintos visuales que sostienen ese trabajo tienen sus raíces en la infancia. Tiffany ha sentido siempre una atracción por el cine, no por el mainstream, sino por lo extraño y lo hecho a mano. Jan Švankmajer. El Tim Burton de los inicios. Los videoclips en stop-motion de Michel Gondry. Los filmes circenses y juguetones de Alexander Calder. Obras que revelaban sus temas bajo una luz inesperada y ampliaban lo que parecía posible a través de los medios.
«Esta riqueza visual siempre me ha inspirado a dar profundidad a un tema», dice. La escenografía, la iluminación, el estilismo: todo se convirtió en una extensión natural de cómo ve y se expresa en el mundo.
Sin embargo, es la maternidad lo que ha transformado de manera más profunda su forma de trabajar y de ser.
«Trajo consigo una metamorfosis inesperada», dice Tiffany, «y me otorgó lo que siento como diez años de madurez artística. Una aceleración extraordinaria e imprevista.» Describe la experiencia en capítulos complejos, como un poema de Baudelaire, lleno de interrogantes y contradicciones. Agotada y eufórica, muchas veces a la vez.
La forma en que su hijo se mueve por el mundo, la atención que presta y la alegría con la que descubre todo lo que le rodea, ha encontrado su lugar en su práctica. No como tema, sino como una manera de mirar.
«Debo reconocerlo», dice, «disfruto muchísimo siendo madre.»
Cuando le preguntan qué le haría a él, no un regalo, sino una sensación, responde sin dudar.
«Una casa a tamaño real llena de todo lo que le hace reír, para poder escuchar su risa durante todo el día. Ese sonido es una melodía que me llena de energía sin límites.»
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